JURIJ M. LOTMAN Y BORIS A. USPENSKIJ
Existen numerosas definiciones de la cultura. Las discrepancias a la hora de dar un contenido semántico al concepto de cultura, en edades históricas distintas y por parte de diferentes estudiosos de nuestro tiempo, no nos desanimaran si recordamos que el valor de este término es derivado respecto del tipo de cultura. Toda cultura determinada históricamente genera un determinado modelo cultural propio…
Limitémonos a señalar dos. En primer lugar, en la base de todas las definiciones esta la convicción de que la cultura posee trazos distintivos. En su aparente trivialidad, esta afirmación tiene un contenido que no carece de significado: de ella se deriva la afirmación de que la cultura nunca representa un conjunto universal, sino tan solo un subconjunto con una determinada organización. No engloba jamás todo, hasta formar un nivel de consistencia propia. La cultura solo se concibe como una porción, como un área cerrada sobre el fondo de la no cultura. El carácter de la contraposición variara: la no- cultura puede aparecer como una cosa extraña a una religión determinada, a un saber determinado, a un determinado tipo de vida y de comportamiento… En segundo lugar, toda la variedad de las demarcaciones existentes entre la cultura y la no cultura se reduce en esencia a esto, que, es el fondo de la no cultura, la cultura interviene como un sistema de signos. En concreto, cada vez que hablemos de los rasgos distintivos de la cultura como “artificial” (en oposición a “innato”) “convencional (en oposición a natural y absoluto), “capacidad de condensar la experiencia humana”(en oposición originario de naturaleza) tendremos que enfrentarnos con diferentes aspectos de la esencia signica de la cultura…
El trabajo fundamental de la cultura, como intentaremos demostrar, consiste en organizar estructuralmente el mundo que rodea al hombre. La cultura es un generador de estructuralidad; es así como crea alrededor del hombre una socio-esfera que, al igual que la biosfera, hace posible la vida, no orgánica, obviamente, sino de relación.
Ahora bien, para cumplir esta tarea, la cultura ha de tener en su interior un dispositivo “estereotipizador” estructural, cuya función es desarrollada justamente por el lenguaje natural: y es esto lo que proporciona a los miembros del grupo social el sentido intuitivo de la estructuralidad; precisamente aquel, con su sistematicidad evidente (por lo menos en los niveles mas bajos), con su transformación del mundo abierto de los realia el mundo cerrado de los nombres, obliga a los hombres a interpretar como estructuras fenómenos cuya estructuralidad, en el mejor de los casos, no es evidente…
Se deriva… que la cultura es, por definición, un fenómeno social: lo que no excluye la posibilidad de una cultura individual, en el caso de que cada uno se interprete a si mismo como representante de la colectividad, o bien, en todos los caso de autocomunicación, cuando una persona se desenvuelve las funciones de diversos miembros de la colectividad y de hecho constituye un grupo…
Además, dado que la cultura es memoria, se relaciona necesariamente con la experiencia histórica pasada… Cuando se habla de creación de una nueva cultura, tiene lugar una inevitable anticipación: se sobreentiende, en otros términos, aquello (por lo que se supone) se volverá memoria, desde el punto de vista de un futuro reconstruible (y solamente el futuro, naturalmente, será el único capaz de demostrar la legitimidad de dicha conjetura)…
La definición de la cultura como memoria de la colectividad plantea, en términos generales, el problema del sistema de reglas semióticas según las cuales la experiencia de vida del género humano se hace cultura: las reglas que a su vez, pueden ser tratadas precisamente como un programa…
Fragmento del libro SEMIOTICA DE LA CULTURA, de Jurij M. Lotman Y Escuela de Tartu
Limitémonos a señalar dos. En primer lugar, en la base de todas las definiciones esta la convicción de que la cultura posee trazos distintivos. En su aparente trivialidad, esta afirmación tiene un contenido que no carece de significado: de ella se deriva la afirmación de que la cultura nunca representa un conjunto universal, sino tan solo un subconjunto con una determinada organización. No engloba jamás todo, hasta formar un nivel de consistencia propia. La cultura solo se concibe como una porción, como un área cerrada sobre el fondo de la no cultura. El carácter de la contraposición variara: la no- cultura puede aparecer como una cosa extraña a una religión determinada, a un saber determinado, a un determinado tipo de vida y de comportamiento… En segundo lugar, toda la variedad de las demarcaciones existentes entre la cultura y la no cultura se reduce en esencia a esto, que, es el fondo de la no cultura, la cultura interviene como un sistema de signos. En concreto, cada vez que hablemos de los rasgos distintivos de la cultura como “artificial” (en oposición a “innato”) “convencional (en oposición a natural y absoluto), “capacidad de condensar la experiencia humana”(en oposición originario de naturaleza) tendremos que enfrentarnos con diferentes aspectos de la esencia signica de la cultura…
El trabajo fundamental de la cultura, como intentaremos demostrar, consiste en organizar estructuralmente el mundo que rodea al hombre. La cultura es un generador de estructuralidad; es así como crea alrededor del hombre una socio-esfera que, al igual que la biosfera, hace posible la vida, no orgánica, obviamente, sino de relación.
Ahora bien, para cumplir esta tarea, la cultura ha de tener en su interior un dispositivo “estereotipizador” estructural, cuya función es desarrollada justamente por el lenguaje natural: y es esto lo que proporciona a los miembros del grupo social el sentido intuitivo de la estructuralidad; precisamente aquel, con su sistematicidad evidente (por lo menos en los niveles mas bajos), con su transformación del mundo abierto de los realia el mundo cerrado de los nombres, obliga a los hombres a interpretar como estructuras fenómenos cuya estructuralidad, en el mejor de los casos, no es evidente…
Se deriva… que la cultura es, por definición, un fenómeno social: lo que no excluye la posibilidad de una cultura individual, en el caso de que cada uno se interprete a si mismo como representante de la colectividad, o bien, en todos los caso de autocomunicación, cuando una persona se desenvuelve las funciones de diversos miembros de la colectividad y de hecho constituye un grupo…
Además, dado que la cultura es memoria, se relaciona necesariamente con la experiencia histórica pasada… Cuando se habla de creación de una nueva cultura, tiene lugar una inevitable anticipación: se sobreentiende, en otros términos, aquello (por lo que se supone) se volverá memoria, desde el punto de vista de un futuro reconstruible (y solamente el futuro, naturalmente, será el único capaz de demostrar la legitimidad de dicha conjetura)…
La definición de la cultura como memoria de la colectividad plantea, en términos generales, el problema del sistema de reglas semióticas según las cuales la experiencia de vida del género humano se hace cultura: las reglas que a su vez, pueden ser tratadas precisamente como un programa…
Fragmento del libro SEMIOTICA DE LA CULTURA, de Jurij M. Lotman Y Escuela de Tartu

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